Agua pasada

Por Analay Medero Alvarez

Baños La Paila

El descubrimiento de las aguas mineromedicinales de Madruga ha sido atribuido, históricamente, a un esclavo al que se le sanaron unas llagas después de bañarse en un manantial que encontró por casualidad. La noticia del “milagro” no tardó en difundirse y el manantial se hizo popular pues aliviaba las más disímiles dolencias. Así, cuando en 1792 los hermanos Sardiñas, propietarios de buena parte del hato del Quabal de Madruga, encargaron al agrimensor Juan Borroto deslindar una caballería de tierra para construir una iglesia, señalaron que el sitio era “abundante de aguas, sano y a propósito para formar un Pueblo, a que concurrirán las gentes que anualmente van a tomar los baños”.[1] Hacia 1800 Luis de Bassecourt, quien dirigía el trazado del camino real entre La Habana y Matanzas, halló un efectivo remedio para su reumatismo en las aguas de Madruga e intercedió para que se fundara un pueblo en aquellos terrenos, hecho que se hizo efectivo tres años más tarde, una vez que la iglesia quedó constituida “bajo la consagración a San Luis Rey de Francia, en reconocimiento a don Luis de Bassecourt por las gestiones realizadas”.[2] El pueblo fue llamado San Luis del Cuabal de Madruga, nombre en el que se unían el del santo patrono y “la denominación popular con que se reconocía este espacio”.[3]

TextLa Paila en la actualidad
Desde fecha muy temprana se encontraron otros yacimientos de aguas mineromedicinales, con lo que ya en estos años fundacionales Madruga contaba con varios sitios de baños. La Dra. Ana Ileana Fernández Núñez, estudiosa del tema, ha afirmado que “el más grande y significativo […] fue el ubicado en la parte central conocido como La Paila (nombre que [surgió] a expensas del calentamiento de las aguas en pailas)”;[4] y que había, además, “otros lugares de baño [que] se encontraban al este donde se captaban las aguas ferruginosas conocidas como El Tigre; otras en la región norte conocidas como El Copey, donde existían aguas minerales naturales y […] otro más pequeño al centro […] conocido como las Pocetas de San Francisco el Dichoso, donde actualmente se encuentra la Iglesia del pueblo”.[5] Según Carlos Miguel Suárez Sardiñas, historiador de Madruga, a esta lista habría que añadir el nombre de Castilla, un quinto sitio de baños del que apenas se posee información.[6] Todo parece indicar que La Paila, El Tigre y El Copey fueron los más importantes pues son los que aparecen representados en el escudo municipal. De ellos, solo se ha sistematizado la historia del primero, que es, por otra parte, el único que conserva su función de balneario.

Proyecto de Teodoro Dod para el Balneario de El Tigre

Los terrenos donde se localizaba este manantial eran propiedad de José Ricardo O’Farrill, el fundador del trapiche San Antonio, quien mandó a construir unas casetas de baño hacia 1816 para iniciar la explotación de aquel recurso natural. Sin embargo, en 1820 donó La Paila al pueblo de Madruga, cuyo gobierno no pudo, debido a su insolvencia, aprovechar todas sus potencialidades. En 1859 el científico cubano Álvaro Reynoso se interesó por estudiar las propiedades de las aguas de Madruga y el resultado de sus investigaciones propició que se encargara la reconstrucción de los balnearios al ingeniero norteamericano Teodoro Dod, entonces empleado del ingenio Amistad de Güines. Dod concibió proyectos para los principales balnearios, pero solo el de La Paila fue ejecutado de acuerdo a sus instrucciones.

A partir de la segunda mitad del siglo xix la actividad balneológica tomó auge en la localidad y contribuyó, en gran medida, a su desarrollo. La temporada alta se iniciaba en abril y se extendía hasta septiembre. Para dar albergue a toda la población flotante que invadía Madruga durante esos meses se establecieron, en distintos períodos, los hoteles San Luis, San Carlos, La Providencia —después llamado Inglaterra—, el Mascote, Delicias del Copey, el Europa —más tarde nombrado Niágara—, el Sevilla y La Unión. Asimismo, había numerosas viviendas de alquiler. Durante el tiempo muerto de la zafra los trabajadores del ingenio podían ganarse el sustento brindando toda suerte de servicios a esta población de paso. Carlos Miguel Suárez afirma que los gobiernos locales “no se limitaron solo a incentivar el arribo de temporadistas […], sino que [nuestras] aguas fueron envasadas y comercializadas en las ciudades vecinas”.[7]

En los primeros años del siglo xx el arribo de visitantes estuvo favorecido por la construcción de la carretera central. Además, entre 1920 y 1925, se efectuó una importante reparación en las instalaciones de La Paila, gracias a las gestiones del senador Adolfo Cabello, propietario del hotel San Luis. Este período de bonanza duraría hasta los años 40, época en que el balneario comenzó a deteriorarse. El uso excesivo y la falta de atención provocaron su cierre a finales de los 50. En los 70 una publicación local evocaba así el movimiento diario que había en los alrededores del balneario:

En el lugar donde hoy se encuentra el cenotafio levantado a los caídos en la Guerra de Independencia, se encontraba un café que brindaba sus servicios a los temporadistas y pueblo en general, el cual se hallaba siempre muy concurrido. En este comercio, que fue propiedad de un ciudadano llamado Manuel García, existía un servicio especial que consistía en la preparación de cenas a la orden, lo cual mantenía una constante afluencia de público al local hasta alta horas de la noche. […]

Años más tarde, y en el lugar donde hoy se levanta el moderno edificio de la Empresa Telefónica, abrió sus puertas el Café Matías, que expendía los refrescos Chi-chi-po, Pai-Pai y las gaseosas El Tigre, de limón y naranja, todos ellos elaborados en nuestro pueblo. Al lado de este café se encontraba la muy visitada barbería de Ñeco, y frente a ellos en el año 1906, los hermanos Undabarrena: Félix, Nicolás y Francisco, levantaron el edificio al que pusieron por nombre Los tres hermanos, montando en él: bodega, tienda de ropa, sastrería y sombrerería.

En aquella alegre esquina era muy frecuente encontrarse con un personaje que llegó a ser muy popular, el ciego José O’Farrill, que repartía botellones de agua medicinal, para lo cual caminaba todo el pueblo sin utilizar bastón.

[…] y en el solar donde hoy se encuentra el Comité Municipal del PCC, se reunían varios vendedores de frutas, que cada mañana ofrecían su mercancía a los bañistas.[8]

Transcurridos cuarenta años de total abandono, en 1992 se iniciaron algunas labores constructivas con el propósito de rehabilitar el balneario La Paila. En el 2002, aunque la ejecución del proyecto no había concluido, la instalación fue inaugurada. Evidentemente la decisión de la apertura fue acertada porque quince años después las obras continúan inconclusas. A pesar de los inconvenientes, el establecimiento ofrece “tratamientos preventivos, curativos y rehabilitativos con la utilización de recursos naturales, como el agua, el fango [y] el sol como agentes terapéuticos principales, complementados con otros medios como la cultura física, terapéutica y la medicina tradicional”.[9] Además, brinda

servicios asistenciales, docentes, investigativos, de belleza, con personal médico y paramédico […]. Cuenta con consulta médica especializada en los diversos tratamientos que se aplican, la sección hidrotermal incluye baños mineromedicinales colectivos, aereosolterapia, hidropinoterapia y áreas de reposo y descanso. Entre los servicios que ofrece se encuentra la fangoterapia, dermatocosmética, electroterapia, medicina tradicional, energía piramidal, farmacia, etc.[10]

Con tan variados servicios se pensaría que ha llegado para Madruga un nuevo período de florecimiento. Nada más alejado de la verdad. Las bondades colaterales de nuestras bondadosas aguas son hoy agua pasada. Del resto de los yacimientos hay poco que decir. Las botellas de El Copey se venden a más de cien dólares en sitios como cubacollectibles.com o se emplean para elaborar costosas lámparas vintage. Ante este panorama desesperanzador solo nos queda cantar con Rigoberto Rizo:

TextLámpara vintage elaborada con botellón de agua mineral El Copey
Madruga de guano y yagua
sin hoteles ni avenidas
misionero salvavidas
sin más receta que el agua.
Junto a una iglesia la fragua
de los tiempos te han moldeado
y hoy creces pavimentado,
mas tu destino es el mismo,
¡duele ver tu raquitismo
con tanta salud que has dado![11]


Referencias

[1] Apud Alicia García Santana: Treinta maravillas del patrimonio arquitectónico cubano, Editorial Polymita, Ciudad de Guatemala, 2012, p. 262.
[2] Carlos Miguel Suárez Sardiñas: “Historia resumida de los baños de Madruga” (material inédito). Cortesía del Museo Municipal, ave. 25, No. 2807, e/ 28 y 30, Madruga.
[3] Ibídem.
[4] Ana Ileana Fernández Núñez: “Aguas mineromedicinales de Madruga” en http://www.cpicmha.sld.cu/bvs/monografias/medicina%20natural/efectos.htm (Consultado el 1 de febrero de 2017).
[5] Ibídem.
[6] Carlos Miguel Suárez Sardiñas: op. cit.
[7] Ibídem.
[8] Julio Rodríguez: “La esquina de los Baños”, en Juventud, Tabloide literario cultural. Dirección Municipal de Cultura, Madruga, No. 14, julio, 1979, p. 2.
[9] Ana Ileana Fernández Núñez: “Aguas mineromedicinales de Madruga” en http://www.cpicmha.sld.cu/bvs/monografias/medicina%20natural/efectos.htm (Consultado el 1 de febrero de 2017).
[10]
[11] Rigoberto Rizo: “A Madruga” en Antorcha, 15 de enero de 1997, año 1, no. 2, p. 2.

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    Balneario La Paila
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    Botellas de agua en Museo Municipal
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    Manantiales El Tigre, desaparecidos