El parque de Madruga

Por Analay Medero Alvarez

El parque desde una de sus esquinas

Tras la llegada de la wifi a Madruga su parque ha dejado de ser un lugar solitario. Unos pocos años atrás este espacio solo se llenaba de gente a finales de agosto, durante las fiestas populares —aquí llamadas “las trochas”— y el sábado por la noche, día de discoteca y a veces de danzón. Hoy es complicado hallar un banco con sombra porque la mayoría del tiempo estos están ocupados por los madrugueros que exploran las posibilidades de las redes sociales —sé de parejas que han atravesado crisis porque él o ella ha elegido la opción de soltero/a al completar su perfil de Facebook— o por los que descubren las ventajas del Imo. —“Oye, tú me oyes, me ves”, es frase que se repite ahora en cada esquina.

El parque, con su magnífica glorieta, es orgullo de todo madruguero. Su historia se remonta a principios del siglo xix, época en que se le encargó al agrimensor Ángel Alberto Salens el trazado urbano del pueblo. Puesto que la iglesia ya se había construido en una de las colinas del territorio, Salens “decidió establecer la plaza al sur de la [misma], en un punto próximo a los baños de La Paila con [los que] se tenía comunicación desde las calles Sol (Norte) y Baños (Sur)”.[1] Como en 1844 y 1846 unos ciclones que azotaron Madruga destruyeron el templo primigenio, hacia 1848 hubo de erigirse uno nuevo, en un terreno llano ubicado en las proximidades de la plaza. Y así, sin intención, estos hechos propiciaron “una característica diferencial en relación con las demás poblaciones en las que la iglesia se fabricó en el centro de la plaza”.[2] En estos primeros años la plaza madruguera era un simple solar vacío en el que pastaba el ganado. Solo después de constituido el municipio, con la autorización de la reina Isabel II, en 1866, el gobierno local mandó a limpiar el lugar y colocar una farola de aceite en su centro. Durante una visita a la localidad, en ocasión de las fiestas patronales, el Brigadier Comandante de la Jurisdicción hizo notar al alcalde el estado deplorable de la plaza y las calles. El incidente motivó una recaudación de fondos para mejorar tal situación. Entonces, con una importante suma donada por Bartolomé Sotelo —síndico del Ayuntamiento— el dinero de un bazar y el recolectado a partir de unas funciones teatrales que ofrecieron los jóvenes madrugueros, pudo construirse un paseo de lajas rodeado por un muro de mampostería y adornado con unas jardineras. La modesta plaza, inaugurada el 29 de julio de 1877, recibió el nombre de Alfonso XII en honor del monarca español. En esa época ya existía el hotel San Luis en la esquina que hoy ocupa la farmacia. El edificio, de dos plantas en esta etapa, fue adquirido por Bartolomé Sotelo, a quien se le dio el título honorífico de Director Responsable de la Conservación de la plaza.

Después de la intervención norteamericana en la guerra entre cubanos y españoles, la plaza fue llamada Parque de la Independencia y, por iniciativa del doctor José María Pardiñas, una ceiba se sembró en su punto central. Hacia 1912 el San Luis, que había sido comprado por el senador Adolfo Cabello, fue demolido y en su lugar se construyó otro edificio con el mismo nombre. El nuevo San Luis “edificado con un estilo ecléctico, de tendencia morisca, […] poseía tres plantas y un mirador; el segundo piso se destacaba por sus columnas y arcos trilobulados, con amplio balcón perimetral que dominaba su fachada”.[3] En la década siguiente cambió también el aspecto general del parque: los paseos internos y las aceras fueron cementados y los bancos de madera fueron sustituidos por los actuales de granito, inaugurados el 25 de agosto de 1922. Asimismo, se pavimentaron las calles colindantes y se erigió una glorieta de hierro en el sitio que ocupaba la ceiba. Esta glorieta duró poco tiempo pues fue destruida por el célebre ciclón del 26. Un año más tarde se levantó la que existe hoy, concebida por el arquitecto Gerardo Velaz y construida por el maestro de obras madruguero Argelio Corso. A partir de 1925 cada miércoles y domingo se realizaba en el parque la retreta donde, por lo general, tocaba la orquesta dirigida por el insigne José Urfé.

La Glorieta

En la década del 40 se produjo una transformación significativa en el entorno del parque: el Ayuntamiento Municipal aprobó la demolición del hotel San Luis. En estos años, además, se develaron la escultura que rinde homenaje a las madres; así como sendas tarjas dedicadas al doctor José María Pardiñas y a José Valera Monteagudo, coronel del Ejército Libertador. Años después se colocarían los bustos de Antonio Maceo y José Urfé realizados por el relevante escultor Teodoro Ramos Blanco. En 1955 la retreta dejó de celebrarse hasta que, en 1978, por iniciativa de la Dirección de Cultura, se retomó la tradición por un corto período de tiempo. El parque adquirió su fisonomía actual en los años 60, época en que cambió el nombre de Enrique Núñez, que le habían dado en la década del 30, por el de Octavio Hernández.

Desde entonces poco ha variado. Ahora, por ejemplo, en lugar de retreta tenemos feria agropecuaria los domingos y, a veces, cuando se acerca la temporada ciclónica, desmochan los copeyes y los flamboyanes para disgusto general de los madrugueros. Como el parque es zona-wifi, han colocado unas luces blancas con el propósito de que la gente pueda conectarse con el mundo a cualquier hora, han arreglado alguna que otra acera y han puesto un poco de pintura en los muros. De las grietas en la cúpula de la glorieta parece no acordarse nadie, todos están muy ocupados ajustando sus dispositivos móviles para asegurarse de que del otro lado lo escuchen bien.


Referencias

[1] Carlos Miguel Suárez Sardiñas: “Historia resumida de los baños de Madruga” (material inédito). Cortesía del Museo Municipal, ave. 25, No. 2807, e/ 28 y 30, Madruga.
[2] Eladio Suárez: “Comentando nuestra historia. Una pincelada: el parque de Madruga”, en Juventud, Tabloide literario cultural. Dirección Municipal de Cultura, Madruga, No. 11, abril, 1979, p. 3.
[3] Carlos Miguel Suárez Sardiñas: op. cit.

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    El parque de Madruga a principios del siglo XX
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    Busto a las madres en el parque de Madruga
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    Antonio Maceo, parque de Madruga
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    Glorieta de hierro en el parque de Madruga
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    Hotel San Luis, Madruga
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    Los bancos del parque de Madruga
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    Tu me ves, tu me oyes