Madruga contada por una madruguera

Por Analay Medero Alvarez

Desarrollo urbano de Madruga

A veces es muy difícil escribir sobre algo que se conoce bien. Eso me ha sucedido con Madruga, mi pueblo. Cuando me sugirieron que prepara varios textos con el propósito de dedicar un número entero de la revista a contar historias madrugueras, me dije: “Ah, esto va a ser pan comido”… Llevo más de un mes leyendo, buscando, corroborando datos, visitando lugares que conozco desde pequeña.

Pensé que cierta información general no podía faltar. Debía mencionar, por ejemplo, que Madruga es uno de los municipios de Mayabeque —nueva denominación de una parte de la antigua provincia de La Habana—; y que aunque posee un manto acuífero muy rico, capaz de abastecer de agua a la zona este de la capital cubana, el vital líquido llega a las viviendas madrugueras solo dos o tres veces al mes. Creí imprescindible destacar la inventiva de mis coterráneos, quienes han debido abrir grandes cisternas en sus portales para acumular el agua que generosamente donan a los habaneros. Percibí entonces que me estaba alejando peligrosamente del tema central del artículo y decidí retomar la enumeración de datos.

TextEscudo de Madruga
No debía olvidar que entre los elementos más significativos de la geografía madruguera se encuentran nuestras lomas “de un precioso gris azul”,[1] cantadas ya por el maestro Julio Leiva en el himno de Madruga y evocadas en el escudo, profusamente, por Francisco de Paula y Coronado, quien, no contento con la recreación de las alturas de la Jíquima y Cayajabos, colocó, en la parte superior, un grillo —un tanto desproporcionado con respecto al resto de los elementos— para hacer referencia, justamente, a las lomas del Grillo. Pero, de todas estas alturas, la más popular es la loma de la Gloria, adonde iba con mi abuelo Roberto, unas veces a empinar los papalotes que él mismo me hacía; otras, de excursión con los niños de mi barrio. El 12 de agosto de 1901 se inauguró allí, por iniciativa del doctor José María Pardiñas —entonces alcalde de la localidad— un panteón que acogió los restos de 32 mambises de Madruga y el cercano poblado de Pipián. Este fue el primer monumento edificado en Cuba para rendir tributo a los caídos en las guerras de independencia. Hoy la loma ha perdido su gloria pasada y el estado del panteón es deplorable; sin embargo, el lugar conserva un misterioso atractivo.

Loma de la Gloria

TextBusto de Urfé en el parque
Como ya había anotado el nombre de algunos hijos ilustres de Madruga, estimé oportuno continuar la lista. Del barrio de El Copey era José Urfé, importante compositor de principios del siglo xx, que definió la forma actual del danzón al incluir elementos del son oriental en su famosa pieza El bombín de Barreto. Todavía hoy la tradición del danzón es tan fuerte en este pueblo que varias veces al año —demasiado a menudo para el gusto de los más jóvenes— se suspende la discoteca de los sábados para hacer un danzón, con orquesta en vivo y numerosas guaguas cargadas con público de municipios vecinos. Quizás la práctica del ciclismo, muy arraigada en esta localidad, también sea un modo de homenajear a otro madruguero célebre, el ciclista Sergio Martínez, mejor conocido como el rey de las carreteras de Cuba. Y si de glorias del deporte se hablaba, había que mencionar a Pititi, nuestro campeón de lucha. Aunque mi lista no pretendía ser exhaustiva, en ella debían figurar los nombres del poeta Rigoberto Rizo, el Príncipe de la décima; el de Rigoberto Rodríguez, el santero más connotado de Madruga y el de su esposa Fredesvinda Rosell, Freddy, la reina del Palacio de los Orishas.

Iniciado el tema de nuestra rica herencia africana, cabía insertar las leyendas del Papá Oro y el Pocito de Yemayá. De la primera había oído hablar cuando estudiaba en la escuela primaria 28 de octubre. Los niños de La Sabana, descendientes de los esclavos que constituyeron este barrio después de la abolición de la esclavitud, nos contaban que Papá Oro era un majá gigantesco que ostentaba un par de cuernos como prueba de su longevidad y poseía la facultad de transformarse en otros animales. Le decían Papá Oro porque su cuerpo estaba cubierto de escamas doradas. A cambio de protección, los habitantes de La Sabana lo honraban con toques de tambor y ofrendas de comida. Del pocito supe mucho después porque estuvo sellado durante algunos años. Cuentan que los trabajos para su construcción fueron supervisados por Teresa Aldazabal, quien practicaba la santería y se decía hija de Yemayá, por lo que consagró el pozo a esta orisha. Poco a poco, en La Sabana comenzó a expandirse la leyenda de que el pocito tenía el poder de provocar lluvias. Así, en grandes períodos de sequía, la población de Madruga, sobre todo campesina, se reunía con varios santeros y acudía al pocito para limpiarlo y colocarle ofrendas a Yemayá. Actualmente, estas ceremonias continúan realizándose y me han dicho que los tambores suenan hasta el amanecer.

Hasta aquí ya había reunido un buen número de datos, pero no estaba conforme. La mayoría de esta información podía encontrarla cualquier lector curioso en la EcuRed, modesta homóloga cubana de la “enciclopedia libre, políglota y editada colaborativamente” —entiéndase Wikipedia. Pensé entonces que si interrogaba a los madrugueros tal vez hallaría otras historias interesantes. Así, me aparté de los libros y las publicaciones periódicas que había estado consultando y empecé a conversar con las personas. Todos coincidían en que debía hablar de las aguas de Madruga, no de las que faltan, sino de las que propiciaron la fundación del pueblo. Ese era un tema esencial que merecía ser tratado en un texto aparte. También mencionaban el central, gran generador de la vitalidad madruguera, pero sobre él había escrito en el número de septiembre. En realidad eso no era lo que estaba buscando, tenía claro que las aguas, el central e incluso el parque eran tema de obligada referencia en cualquier trabajo que pretendiera hacer sobre Madruga. En este primer acercamiento, además de la (im)prescindible información general, quería presentar una Madruga construida a partir de memorias, experiencias de vida, historias aprendidas y transmitidas por vía oral de padres madrugueros a hijos madrugueros.

Mi propósito era hablar, por ejemplo, de la Madruga que trascendió debido a personajes como el Milagroso, un hombre al que visitaba gente del país entero pues se decía que tenía la facultad de curar toda suerte de males por medio de un simple rezo. Hubiera sido ideal reconstruir con todos sus detalles la historia de Leonilo, Taboada y Mañiñi —dueño de una imprenta el primero, laboratorista el segundo y músico, santero y loco el tercero— quienes aseguraban que habían descubierto la cura del cáncer y llegaron hasta el Hospital Oncológico para demostrar la efectividad de su fórmula secreta. Nada importaba que en estos cuentos se hubieran desdibujado los límites entre realidad y ficción, formaban parte de nuestra memoria colectiva y eran tan madrugueros como el pito y el hollín del central, las pestilencias de la cachaza, el eco de la glorieta del parque, los olores a fritura y cerveza de pipa de las trochas o el vuelo del pájaro de Albuqueque. Sin embargo, después de algunas horas detrás del teclado, entendí que no podía transmitir esa Madruga porque —y aquí vino a sacarme del apuro la canción de Alexander Abreu— para entender de verdad lo que es sentirse madruguero, hubieran tenido, mis lectores, que haber nacido y crecido en Madruga.

Himno de Madruga

Letra: Julio Leiva
Música: José Urfé

Madruga, son tus lomas tan bonitas
de un precioso gris azul.
Madruga, con tus ricos manantiales
que son fuente de salud.
Tus barrios, son Majagua, Cayajabos,
Roble, Itabo y San Blas
y tienes como príncipe a la industria
de San Antonio el central.

Madruga, entre las flores de Cuba
tienes la flor del copey.
Madruga, entre tantas flores, flores
tus mujeres son también.
Yo espero que tus hijos
todos luchen por verte grande y feliz
y espero que la suerte te depare
un brillante porvenir.


Referencias

[1] Julio Leiva: Himno de Madruga en Museo Municipal, ave. 25, No. 2807, e/ 28 y 30, Madruga. Al final de este artículo se reproduce, íntegramente, la letra del himno.

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    Bailando danzón
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    Vista desde la Loma de La Gloria
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    Iglesia de culto del Milagroso