La dama de los monos

Por Analay Medero Alvarez

Si un lector avezado encuentra alguna semejanza entre el título del presente texto y el de la conocida novela de Alexandre Dumas (hijo), La dama de las camelias, deberá saber que cualquier similitud ha sido una coincidencia fortuita pues no existe conexión alguna entre la austera protagonista del presente texto y la célebre cortesana Marie Duplessis, inspiradora del personaje Margarita Gautier. Nuestra dama de los monos fue una ilustre villaclareña: Rosalía González-Abreu Arencibia, quien no gustaba de adquirir camelias, sino simios y tenía agentes en África, América y Gibraltar para que le compraran y enviaran a Cuba los mejores ejemplares.

No se sabe a ciencia cierta cuándo esta distinguida señora comenzó a desarrollar tan peculiar afición. Cuentan que en 1906, en la fiesta de inauguración de un suntuoso castillo que había mandado a construir en su propiedad de Las Delicias, en el Cerro, se presentó ante los invitados con un macaco y un orangután. Su colección siguió creciendo y llegó a tener monos titíes y arañas, capuchinos, chimpancés y hasta gorilas. Evidentemente profesaba un amor desmedido por los animales porque además de los simios poseía pavos reales, guacamayos, loros, ciervos, caballos y algunos afirman que hasta un pequeño elefante, ―¡un verdadero zoológico! En poco tiempo Las Delicias comenzó a ser conocida, popularmente, como “la finca de los monos” ya que estos eran, sin dudas, el mayor atractivo del lugar. Todos vivían libres en los jardines de la hacienda, excepto los gorilas y orangutanes, que permanecían en jaulas pues a veces podían ser muy agresivos. Algunos usaban un pintoresco vestuario, comían sentados a la mesa y acudían dócilmente al llamado de su dueña. Otros fumaban pipas o rasgaban las cuerdas de una guitarra.

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Rosalía González-Abreu.
Un halo de misterio comenzó a cernirse sobre la finca de los monos, se tejieron múltiples leyendas y la prensa sensacionalista de la época le dedicó extensas crónicas. Una de esas historias tenía por protagonista a Cholo, un orangután muy inteligente que era una suerte de paje en la casa de Rosalía. Ella estaba asombrada de las habilidades que el simio había desarrollado y le tomó afecto; Cholo, por su parte, se había enamorado de su dueña. Cada mañana Rosalía recibía al administrador de la finca para darle instrucciones y esta proximidad despertó los celos de Cholo, que terminó asfixiando al hombre que consideraba su rival. Rosalía estimó que el hecho había sido un crimen pasional y se opuso al sacrificio del mono. Como castigo lo donó al Campo de Marte.


Pero más allá del anecdotario curioso, la finca de los monos posee una historia verdaderamente valiosa. Interesada por el comportamiento de estos animales, Rosalía pidió asesoramiento científico a la Universidad de Yale y al Zoológico de Nueva York. En 1915 se produjo en Las Delicias el nacimiento de Anumá, el primer chimpancé engendrado en cautiverio. La noticia causó sensación en el mundo científico, el antropólogo cubano Luis Montané refirió el hecho en un artículo publicado en las Memorias de la Sociedad Cubana de Historia Natural Felipe Poey y en 1924 la Carnegie Institution de Washington y la Universidad de Yale enviaron una comisión presidida por Robert Mearns Yerkes, un reputado primatólogo, para que estudiara los métodos que esta dama cubana empleaba en el tratamiento de los simios. Tras su regreso a Estados Unidos, Yerkes escribió que las investigaciones de Rosalía eran “los experimentos antropológicos más grandes que jamás se habían realizado”.[1] Habría que agregar que en Las Delicias también se logró la reproducción en cautiverio de orangutanes.

Cuando en 1930 falleció la benefactora de los monos, los titulares de la prensa consignaron que la dama había dejado millones para sus animales. Lo cierto es que Rosalía había ofrecido su colección al entonces presidente Gerardo Machado para realizar un parque zoológico en Rancho Boyeros, pero como la idea no pudo concretarse por falta de presupuesto, sus animales fueron trasladados a la Carnegie Institution y al Jardín Zoológico de Filadelfia. Los orangutanes Guas y Guarina continuaron reproduciéndose en cautiverio en esta última institución y alcanzaron edades avanzadas. Sus restos se conservan en el Instituto Smithsonian, donde ostentan el récord de longevidad para orangutanes cautivos. Dos de sus descendientes fueron adquiridos para el Jardín Zoológico de La Habana inaugurado a principios de los años 40.

A partir de la década del 60 la finca de los monos se destinó a actividades educativas y actualmente funciona como un Palacio de Pioneros. En los jardines donde antes había pavo reales, ciervos y toda variedad de simios, hoy los niños cubanos tienen la oportunidad de realizar acampadas. Quizás los amplios salones del castillo también son usados con fines recreativo-culturales, pero como el acceso a este lugar está categóricamente prohibido, es muy difícil emitir afirmaciones al respecto. Cuando hay niños en la finca es comprensible que se restrinja la entrada de público, pero durante el tiempo que esta permanece vacía, ¿por qué resulta casi imposible dar un paseo por la fabulosa propiedad? El simple mortal que llega hasta allí en busca de un poco de información sobre la dama de los monos es recibido por un atento agente de seguridad que ofrece como respuesta a cualquier pregunta un rotundo “no”. Adentrarse en el mundo de Rosalía es un privilegio que solo es otorgado a aquellos que consiguen cartas de recomendación con firmas y cuños obtenidos en las altas esferas estatales. Otra vez el misterio se ha extendido sobre la finca de los monos…


Referencias

[1] Citado por Santos Cubillas Hernández: “Rosalía Abreu y el primer zoológico de Cuba, su colonia de primates y el centenario del nacimiento del primer chimpancé cautivo en el mundo”, en CubaZoo, Revista científica del Parque Zoológico Nacional de Cuba, No. 28-2015, p. 6.

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